En el pueblo de Pomuch, en Campeche, la muerte no representa un adiós definitivo, sino un vínculo continuo entre generaciones. Cada año, días antes de la celebración del Día de Muertos, las familias participan en un ritual ancestral de origen maya conocido como Choo Ba’ak, en el que limpian con esmero los huesos de sus seres queridos y los envuelven en telas bordadas con sus nombres. Este acto, más que un simple homenaje, es una manifestación tangible del respeto, la memoria y la conexión inquebrantable entre los vivos y los muertos.
El fotógrafo mexicano Iván Macías, con su capacidad para capturar la esencia de las tradiciones, ha inmortalizado esta ceremonia en su serie "Pomuch and the Ritual of Choo Ba’ak", un testimonio visual de una práctica que ha resistido el paso del tiempo. A través de imágenes cargadas de simbolismo y emoción, Macías retrata la intimidad del ritual, mostrando cómo esta tradición desafía las concepciones occidentales sobre la muerte y resalta la fortaleza cultural de la comunidad.
Su trabajo ha sido reconocido con la Medalla de Plata en los Tokyo International Foto Awards, un logro que destaca la importancia de esta serie como un puente entre la fotografía documental y la preservación del patrimonio cultural. En cada imagen, Macías no solo narra una historia, sino que también invita a reflexionar sobre cómo diferentes culturas enfrentan la mortalidad y el recuerdo.
¿Qué te motivó a documentar el ritual del Choo Ba'ak en Pomuch, y cómo decidiste abordar esta tradición desde una perspectiva fotográfica?
En México existe una gran diversidad en la manera de celebrar y honrar a la muerte, donde no siempre se le teme, sino que se le respeta y venera profundamente. Descubrir el ritual del Choo Ba'ak, donde la muerte no se oculta ni se teme, sino que se integra a la vida cotidiana y se comparte con la comunidad, despertó en mí el deseo de entender y documentar esta tradición tan única. A través de la fotografía quise mostrar cómo esta práctica resignifica la relación con la muerte, invitando a reflexionar sobre su lugar en nuestras vidas.
¿Cómo fue el proceso de acercarte a las familias que participan en el Choo Ba'ak?
El panteón de Pomuch, en Campeche, es un espacio abierto, similar a muchos otros en México, pero con una particularidad que lo hace único: las urnas están descubiertas, permitiendo ver los restos de quienes allí descansan. Las familias no solo limpian las tumbas de sus ancestros; con un respeto profundo, retiran el polvo de los huesos, que luego envuelven en textiles bordados, ofrendas que simbolizan un amor eterno. Mi acercamiento fue directo y respetuoso: mientras realizaban el ritual de limpieza, les pregunté si podía documentar ese momento. La mayoría de ellos accedió, lo que me permitió no solo fotografiar, sino también aprender y comprender más sobre esta tradición y sus historias familiares.
Capturar un ritual tan íntimo puede ser delicado. ¿Qué consideraciones tuviste para respetar la tradición y la privacidad de quienes participaron?
Siempre abordé la documentación con el mayor respeto posible, manteniendo una distancia prudente para no invadir la intimidad de las familias durante el ritual. La clave fue observar y adaptarme: mientras fotografiaba, buscaba percibir cómo se sentían las personas retratadas y evitar cualquier acción que pudiera resultar intrusiva. Aprendí a moverme con discreción, permitiendo que el momento fluyera de forma natural y manteniendo el enfoque en honrar la tradición a través de mis imágenes.
¿Qué elementos visuales y técnicos tuviste en consideración para transmitir la conexión entre la vida y la muerte de esta tradición?
El espacio donde se realiza el ritual está lleno de simbolismos y delimitado por las actividades de las familias. Mi objetivo fue capturar composiciones que narraran la historia de este encuentro entre la vida y la muerte. Cada fotografía surgió del instante, sin una planeación previa, permitiendo que la intimidad y la espontaneidad del momento hablaran por sí mismas. Fue un ejercicio de observación constante, donde la luz, los gestos y los detalles técnicos trabajaron en conjunto para reflejar la esencia de esta tradición.
Después de sumergirte en esta tradición maya, ¿cómo cambió tu perspectiva sobre la muerte y la manera en que las diferentes culturas la integran en sus vidas?
Esta experiencia transformó mi manera de concebir la muerte. Me hizo cuestionarme profundamente: ¿Qué significa realmente honrar a los muertos? ¿Es la distancia la única forma de respeto, o también puede manifestarse en la cercanía y el encuentro directo? Al principio, ver los restos humanos expuestos fue impactante debido a mi propia formación cultural, pero conforme entendí su perspectiva, reconocí que esta también es una forma de amor y respeto hacia los seres queridos. La muerte, integrada en sus vidas, se convierte en un puente que conecta generaciones y refuerza los lazos familiares.
Ganar un premio como el Tokyo International Foto Awards le da visibilidad internacional a esta tradición. ¿Qué esperas que el público global aprenda o reflexione al ver tu serie?
Espero que estas imágenes sirvan como una ventana para que el mundo descubra la riqueza y diversidad de las tradiciones mexicanas. Más allá de lo visual, quiero que provoquen una reflexión sobre cómo entendemos nuestra propia relación con la muerte y con nuestras tradiciones culturales. Mi intención es dar voz a las comunidades que represento a través de mi fotografía, fomentando un diálogo global que celebre y respete las diferentes formas de ver y vivir el mundo.
Su trabajo también incluye el proyecto "Eternal Light, Life Amidst Death" (Luz eterna, vida en medio de la muerte), una serie que explora la manera en que la festividad del Día de Muertos transforma los cementerios mexicanos en espacios de memoria y celebración. A través del uso de exposiciones largas, Macías captura el contraste entre la luz efímera de las velas y la permanencia de las tumbas, resaltando la dualidad entre lo transitorio y lo eterno.
Con esta serie, el fotógrafo invita al espectador a reflexionar sobre el significado de la muerte en diferentes culturas y la forma en que el recuerdo mantiene vivos a quienes se han ido. Sus imágenes no solo documentan una tradición, sino que abren un diálogo sobre la conexión entre la memoria, el amor y la trascendencia.